Early in our relationship 17 years ago, we began talking about getting a dog. ‘It would be great to have a dog around,’ the discussion often went, ‘but we don’t have time to take care of a dog.’ Let’s try it anyway, we thought.

fkukso:

Una lista personal, antojadiza, arbitraria e incompleta de los mejores libros de ciencia y tecnología publicados en español en 2018.


30 de febrero y otras curiosidades sobre la medición del tiempo
Olivier Marchon
Ediciones Godot

Al pensar y recordar la historia, con mucha naturalidad hablamos ahora de sucesos ocurridos a.C. y d.C. (antes y después de Cristo), como si hubiera sido siempre así el caso. No fue sino hasta el siglo VI que surgió por primera vez la idea de tomar la llegada del mesías cristiano como punto de partida de datación: luego de una larga reflexión llena de cálculos, un erudito religioso de Escitia (actual Rumania) llamado Diniosio El Exiguo decidió romper con la tradición. Hasta entonces cada rey, cada emperador ordenaba contar los años a partir de referencias diversas tales como la fundación de Roma, el comienzo del reino de un papa. El resultado era el caos: dos imperios vecinos podían estar viviendo en años distintos. Por ejemplo, españoles y portugueses en la época del Octavio vivían en la “era de España” que tomaba como punto de partida el momento en el que el emperador romano estableció su poder sobre la península.

Así hasta que Dionisio el Exiguo inventó la era cristiana al fijar el nacimiento de Jesucristo 283 años antes del comienzo del reino del emperador romano Diocleciano. Sin embargo, para entonces nadie -ni siquiera el papa- entiende muy bien el sentido de contar los años a partir del nacimiento de su Salvador. Recién en el año 800 el emperador Carlomagno lo impuso en su imperio.

Así fueron sucediéndose unas a otras las diversas maneras de medir el tiempo, generando a su paso conflictos diplomáticos y culturales para ver quién controla una dimensión tan omnipresente que nos cuesta pensar en su esencia. Ahí se encuentra la importancia de la obra del físico francés Olivier Marchon quien en su libro 30 de febrero y otras curiosidades sobre la medición del tiempo rescata historias perdidas y olvidadas sobre cómo terminamos por fraccionar nuestra existencia -y pensar el pasado, presente y futuro- en horas, días, meses y años.



Dinosaurios del Fin del Mundo*
Federico Kukso y Jorge González
Penguin Random House


El martes 13 de febrero de 2007, un equipo de paleontólogos argentinos y estadounidenses descubrió al norte de la Patagonia los restos de un dinosaurio carnívoro hasta aquel momento desconocido. La sorpresa y alegría del hallazgo, sin embargo, no duró mucho: pocos días después, uno de los dos vehículos que transportaban a los investigadores volcó sin heridos y la campaña debió suspenderse sin poder recoger del suelo los fósiles del dinosaurio. Se cubrió con yeso con la intención de ir a buscarlo el año siguiente. Pero cuando Sebastián Apesteguía quiso volver a aquel lugar el gobierno de la provincia de Neuquén no se lo permitió. Por varios años no se enteró qué había ocurrido con aquel material hasta que les llegó el rumor que lo había extraído un equipo rival. Tras varias disputas científicas, finalmente pudo acceder a los restos de este dinosaurio carnívoro ágil de de seis metros de largo y casi 1,70 metros de alto, piernas fuertes, brazos, que vivió hace 95 millones de años. Y lo bautizó Gualicho, sinónimo en Argentina de maldición, en referencia a todas las complicaciones que tuvo su descubrimiento.

Como la de esta nueva especie, la Patagonia está repleta de historias de especies que se expandieron, reinaron y luego murieron en una región que estuvo por millones de años físicamente desconectada del resto del mundo. Detrás de cada fósil, de cada dinosaurio -del más grande hasta ahora hallado, hasta los más antiguos- que secuestran la atención y curiosidad de grandes y chicos abundan relatos llenos de intriga, de esfuerzo por saber más de los habitantes y propietarios de las tierras que ahora llamamos nuestra.

Con grandes ilustraciones del paleoartista Jorge González -quien vuelve a la vida especies hace millones de años sepultadas-, este libro revela misterios, cuenta historias poco conocidas de las principales estrellas del pasado profundo sudamericano.


De matasanos a cirujanos
Joseph Lister y la revolución que transformó el truculento mundo de la medicina victoriana
Lindsey Fitzharris
Debate

A muchos su nombre no les dice nada. Su historia -su regalo- quedó hace tiempo enterrada en el olvido. Quizás porque el campo que sacudió y transformó ya no puede imaginarse sin las consecuencias y aplicaciones de su revolución. Hasta bien entrado el siglo XIX, la mayoría de los enfermos y accidentados que ingresaban en un quirófano para operarse no salía de allí con vida. No por la impericia de los médicos -por entonces, considerados por el imaginario popular más emparentados con los barberos y carniceros- sino por el desconocimiento de la amenaza oculta de las infecciones postoperatorias producto de la suciedad y la mugre de la vida cotidiana de por entonces. Los lúgubres hospitales, más que espacios de curación, eran casas de la muerte. Y los anfiteatros de cirugías, carnicerías.

Hasta que con la ayuda de las ideas de Louis Pasteur un cirujano inglés llamado Joseph Lister buscó darle una solución. Y experimentó con toda clase de sustancias para aniquilar los invasores microorganismos. Para su sorpresa, ganó envidias, odios, incredulidad más que seguidores adeptos a su causa: con casi toda la comunidad científica en su contra, propulsó métodos antisépticos y de esterilización. Hasta que con reticencia terminaron por imponerse y hoy constituyen parte de los estándares mínimos quirúrgicos.

La historiadora Lindsey Fitzharris rescata magistralmente uno de los momentos estelares de la historia de la medicina: la epopeya de este hombre -un héroe- que salvó la vida de millones y que después de tanto tiempo solo remotamente entramos en contacto con su memoria a través de un enjuague bucal bautizado en su honor.


El primer hombre
James R. Hansen
Debate

Como Clark Kent –que creció en Smallville, Kansas–, los primeros y últimos años de Neil Armstrong transcurrieron también en el corazón de Estados Unidos. En su caso, en una granja de Ohio. Desde ahí, como un Superman no kriptoniano sino terrestre, se elevó a los cielos. Y con su hazaña nos elevó a todos como especie.
La vida del primer ser humano que estampó su humanidad –y a la Humanidad– en la Luna está cruzada por una contradicción: uno de los hombres más conocidos del siglo XX es, a la vez, uno de los más desconocidos. Tal vez porque este hombre-ícono, héroe de una época en la que el espacio estremecía la imaginación, hasta el día de su muerte el 25 de agosto de 2012 fue un enigma: frío, contemplativo, modesto y de nervios de acero, este explorador taciturno le rehuyó a las cámaras y a la fama, antes y después de su pequeño paso y salto gigante. A diferencia de su colega y compañero de hazaña Buzz Aldrin que aún hoy le exprime el jugo mediático a la gran hazaña del siglo XX, Armstrong se exilió del mundo.
Ahí reside la monumentalidad del trabajo de su biógrafo, el historiador James Hansen, quien a través de entrevistas exclusivas desnuda en El primer hombre los secretos del Robinson Crusoe moderno, el viajero obsesionado, el padre, el esposo, el hijo.
“Siempre me ha parecido sorprendente que uno de los mayores logros del milenio, la llegada de Neil Armstrong a la Luna, un triunfo de valor y tecnología, no haya tenido prácticamente ninguna influencia en el mundo en general -escribió desilusionado el escritor inglés J. G. Ballard-. Neil Armstrong puede que sea el único ser humano de nuestro tiempo en ser recordado dentro de 50.000 años pero para nosotros su logro significa prácticamente nada.”
El libro –y la biopic recientemente estrenada, basada en el trabajo de Hansen– apunta a recomponer esta falta: nos acerca al hombre que fue más lejos.


Papá, ¿dónde se enchufa el sol?
Antonio Martínez Ron
Editorial Crítica

Desde los 4 a 9 años, todas las noches Laura bombardeó a su padre con preguntas. “Papá, si la Luna no tiene alas, ¿por qué vuelas?”, le interrogó una vez antes de dormir. En cada ocasión, el periodista científico español Antonio Martínez Ron hacía casi lo imposible para responder sus dudas. En esa ocasión: “La Luna no necesita alas para volar. Es una gran bola redonda que gira alrededor de nuestro planeta”.

Como recuerda Martínez Ron, las preguntas sobre el mundo y la naturaleza eran tan divertidas y variadas que un día decidieron apuntarlas en una libreta para poder leerlas en el futuro, cuando ella fuera mayor.

Así, con simplicidad y gran destreza, un padre le disipas las dudas existenciales a su hija y las comparte en un gran libro para todas las edades. “¿Es verdad que nosotros éramos monos?”, le preguntó Laura una vez. “Somos primates -respondió-, como los monos. Ellos y nosotros tenemos los mismos antepasados”.

Así padre e hija recorren una gran variedad de tópicos y dilemas como por qué no hay planetas cuadrados, cómo se formó la Tierra, por qué los peces se ahogan fuera del agua, por qué la caca es marrón, por qué los animales viven menos que los humanos o por qué nos reímos si nos hacen cosquillas.


El orden de tiempo
Carlo Rovelli
Anagrama

“Probablemente la naturaleza del tiempo sigue siendo el mayor de los misterios. Extraños hilos lo ligan a otros grandes misterios aún por resolver: la naturaleza de la mente, el origen del universo, el destino de los agujeros negros, el funcionamiento de la vida”. A medio camino entre un poeta y un narrador de mitos, el físico italiano Carlo Rovelli aborda en este libro lleno de ideas detonantes una de los grandes interrogantes de todo el tiempo. Cuenta, por ejemplo, que el tiempo funciona de manera distinta de como se nos presenta: la diferencia entre pasado y futuro no existe en las
ecuaciones elementales del mundo ni se observa en el estado microscópico de las cosas. El tiempo pasa más despacio en algunos lugares y más deprisa en otros, lo cual puede medirse con relojes de precisión. O lo más sorprendente: no hay un solo tiempo sino muchísimos.



Hielo: Bitácora de una expedicionaria antártica
Ángela Posada Swafford
Planeta

Cada vez que a Angela Posada Swafford le preguntan qué le fascina tanto de la Antártida que desde hace 15 años vuelve una y otra vez en expediciones, la periodista científica colombiana responde: “No puedo decir que es hermosa. Está más allá de eso. El continente es absurdamente bello y misterioso. Pero también es brutal. E indiferente. Como un asesino a sueldo”.

La Antártida conquistó el corazón y la ambición también del irlandés Ernest Shackleton, quien buscó llegar al Polo Sur tres veces. “Se buscan hombres para viaje peligroso. Sueldo escaso. Frío extremo. Largos meses de completa oscuridad. Peligro constante. No se asegura el regreso. Honor y reconocimiento en caso de éxito”, publicó en un aviso de un periódico en 1907. En enero de 1909, gritó victoria: logró llegar al punto más al sur hasta entonces alcanzado, luego de competir durante años con el noruego Roald Amundsen.

Pese a las décadas, la Antártida es un lugar especial. Como dice Angela Posada Swafford en este libro lleno de poesía en el que narra sus expediciones, el corazón de esta tierra cubierta de hielo está libre de la inevitable tragedia humana: allí no hay guerras ni hambrunas. “Es un sitio autosuficiente, un continente que no pertenece a nadie. Es la luna de todas las naciones. Muchos de sus picos ni siquiera tienen nombre, menos aún han sido hollados por humanos. Aquí no hay ciudades ni complejos turísticos, y las únicas estructuras en pie son las estaciones internacionales de estudios científicos. No obstante, la influencia directa del resto del mundo rodea sus costas como una sombra silenciosa. Microplásticos, disminución de vida marina, contaminación del hielo con químicos persistentes, todo eso comienza a roer el mapa antártico de afuera hacia adentro, como un pergamino al que se le queman los bordes. La Antártida podrá estar lejana geográficamente de la mayoría de los ciudadanos del mundo, pero en realidad está a la vuelta de la esquina, presidiendo nuestra existencia con sus poderosas corrientes de agua y aire, y amenazando con algún día anegar las márgenes de los continentes”.



Neurociencia ficción
Cómo el cine se adelantó a la ciencia
Rodrigo Quien Quiroga
Sudamericana

Cuando el neurocientífico Rodrigo Quien Quiroga era chico, aguardaba con ansiedad cada episodio de la serie El hombre nuclear (o como originalmente se la llamó en inglés, The six million Dollar man), en la que un astronauta sufría un accidente y lo reconstruían convirtiéndolo en un “organismo cibernético, poderoso, superdotado”. La imagen de este cyborg, un humano con partes biomecánicas, mezcla de carne y acero, venía a despertar deseos y pesadillas latentes. Las décadas pasaron y la ficción ya pasó a ser realidad. Cada vez más hombres y mujeres discapacitados pueden salir de la cárceles de sus cuerpos gracias a una cada vez más amplia variedad de implantes cerebrales que les permiten mover a la distancia sillas de ruedas o brazos robóticos.

En este libro, el investigador argentino explora el estado actual de la ciencia en la que se basan grandes películas de todos los tiempos: de la inteligencia de las máquinas en 2001: odisea del espacio a la emoción en los androides de Blade Runner, la conciencia animal explorada por El planeta de los simios, la ilusión de la realidad presentada en Matrix, la manipulación de la memoria en El Vengador del Futuro o la construcción del sueño en Inception.

“La ciencia está logrando lo que hace décadas parecía imposible -dice el autor-. Estos avances nos llevan a replantearnos las grandes preguntas que el hombre viene haciéndose desde que tiene uso de razón”.



Ghostware. De la ficción a la ciencia
Gerardo Sifuentes
Universo de Libros

La palabra tiene apenas dos años. Desde entonces, cada vez con más insistencia comenzó a circular en foros de ciberseguridad y de hackers una nueva amenaza: el ghostware, es decir, un sofisticado software capaz de colarse como un fantasma en el sistema de una empresa, robar datos cruciales y luego desaparece sin dejar rastro alguno.

A medida que los especialistas en seguridad informática se vuelven más adeptos al análisis forense y más preocupados por los delitos cibernéticos y las personas que los cometen, los piratas informáticos se adaptan y desarrollan formas de borrar todos los rastros antes de que las medidas de seguridad detecten que los sistemas se han visto comprometidos. Así nació el ghostware. Algunos lo han llamado “el Snapchat del malware” porque, como los efímeros mensajes de la red social, un ataque cibernético de este tipo se desvanece sin dejar huellas de haber ocurrido.  

Según el periodista de ciencia mexicano Gerardo Sifuentes, una operación similar sucede actualmente en nuestros cerebros: hace décadas venimos siendo invadidos por ideas fantasmas provenientes de novelas o películas de ciencia ficción o terror. A tal punto la realidad y la fantasía se confunden que cada vez que entramos en contacto con una historia de ciencia -de raros descubrimientos científicos, disquisiciones sobre la vida extraterrestre, teorías sobre viajes en el espacio-tiempo, dimensiones alternas- encontramos que hay elementos que nos resultan familiares, ya oídos.

Como lo describe este narrador, quien dirige la edición mexicana de la revista Muy Interesante: “cuando ideas o conceptos de ficción se abren paso hasta la realidad, se trata de un fenómeno conocido como hiperstición, término formado por la palabra griega hiper –más allá- y ‘superstición’, acuñado por el filósofo inglés Mark Fisher en 2005. "Este es un libro de hipersticiones, pero también de analogías, fenómenos, convergencias o metáforas que empatan con descubrimientos, experimentos y teorías surgidas en los últimos años, reunidos en forma de gabinete de curiosidades, aquellos salones –antecedentes directos de los museos modernos– que durante los siglos XVI y XVII se convirtieron en depósito de piezas exóticas e interés científico que los aristócratas europeos y filósofos de la naturaleza recolectaban durante sus viajes.  Ghostware es un gabinete pleno de hechos científicos con formas oscuras, a veces lovecraftianas, que nos recuerda lo maravilloso y extraño que puede ser la búsqueda del conocimiento”.



Leonardo Da Vinci: la biografía
Walter Isaacson
Debate

En los 67 años que vivió, Leonardo Da Vinci fue tantas cosas que cualquier palabra utilizada para etiquetar a este florentino del siglo XV le queda chica. Fue pintor, arquitecto, anatomista, botánico, escritor, escultor, filósofo, urbanista, músico. Y sobre todo, inventor: entre los dibujos de diseños e invenciones que dejó este hombre vegetariano, disléxico y que nunca se casó ni tuvo hijos, varias generaciones de investigadores han creído reconocer prototipos o antecedentes de artilugios modernos como las aletas para natación, el barco impulsado por paletas, la pistola de vapor, la turbina de agua, el paracaídas, el chaleco salvavidas, la perforadora de pozos, el automóvil, una máquina para pulir lentes, el aeroplano, el helicóptero, el submarino y hasta la ametralladora y granadas de fragmentación.

Gran parte del mundo desconoció su desbordante creatividad recién hasta bien entrado el siglo XIX, cuando comenzaron a publicarse copias de sus cuadernos y recopilaciones hechas luego de su muerte. También está el Códice Leicester –de 72 páginas y 300 ilustraciones, adquirido por Bill Gates en 1994 a  30,8 millones de dólares–, sobre el agua, la luz y la gravedad y con gráficos de un proto-helicóptero (o “tornillo aéreo”), un automóvil a cuerda y un puente giratorio diseñado para evitar el paso de tropas enemigas.  

El gran misterio de Leonardo es Leonardo mismo, un interrogante que desde hace años no deja dormir al escritor estadounidense Walter Isaacson quien finalmente, luego de excavar en las vidas de figuras como Albert Einstein, Steve Jobs, Benjamin Franklin y Kissinger, puso a funcionar sus trucos de biógrafo para correr la cortina de intriga que aún pende sobre esta figura descomunal. Así Leonardo Da Vinci: la biografía es un tratado anatómico sobre un solo hombre, un discípulo de la experiencia.



21 lecciones para el siglo XXI
Yuval Noah Harari
Debate

El mundo necesita de gurús, de figuras capaces de advertir en el caos que nos rodea tendencias, rumbos a tomar, caminos a darle la espalda. Quizás por eso el historiador israelí Yuval Noah Harari se haya vuelto tan solicitado, tan leído. En solo diez años era un desconocido profesor de la Universidad Hebrea de Jerusalén. Hoy es el autor de libros de no ficción que más vende en el planeta, impulsado por las recomendaciones de sus fans más famosos como Barack Obama, Mark Zuckerberg, Bill Gates, Angela Merkel y Emmanuel Macron.

Luego de sus best-sellers Sapiens: De animales a dioses (2014) y Homo deus: Breve historia del mañana (2016), en 2018 desembarcó nuevamente en las librerías con 21 lecciones para el siglo XXI, un inquietante mapa de ruta en los que advierte sobre los peligros del avance tecnológico descontrolado, el fascismo y las noticias falsas.

“El fenómeno del gurú puede ser peligroso -dijo recientemente en una entrevista-. Espero que mucha gente lea mis libros, pero no porque sea un gurú que tiene las respuestas, porque no las tengo”.

Lo cierto es que Harari, más allá de ser un “todólogo”, aprovecha su momento para que sus palabras sean escuchadas atentamente por líderes políticos e intelectuales. En este libro breve, con tono de charla TED, explora los peligros de las guerras nucleares, de los nacionalismos xenófobos, de las amenazas del terrorismo. Y a partir de combinar un enfoque humanista con la tutela de la historia combate la desorientación de nuestro presente.


Summa technologiae
Stanisław Lem
Ediciones Godot

Menos conocido que Asimov o Clarke, el brillante escritor placo Stanislaw Lem configuró a lo largo de sus relatos una versión menos triunfalista de la tecnología. Sus robots, por ejemplo, pecaron de melancólicos, miserables, depresivos, subyugados en vez de ser enarbolados como los estandartes del progreso y de la felicidad venidera. Esta colección de ensayos reunidos magistralmente por Ediciones Godot permite profundizar y disfrutar las ideas de esta mente distinta sobre las civilizaciones cósmicas y la búsqueda de inteligencia extraterrestre; la caducidad de la inteligencia humana frente a la inteligencia artificial; la expansión de las habilidades humanas a través de las tecnologías; la evolución controlada y los posibles futuros de la humanidad.  


Guía para criar hijos curiosos
ideas para encender la chispa del aprendizaje en casa
Melina Furman  
Siglo XXI

Una guía para implementar dentro y fuera del aula: la bióloga Melina Furman apuesta a la curiosidad como vector de cambio social, motor del aprendizaje y vía para resolver problemas. La importancia de contar con entornos cognitivamente estimulantes y contextos afectivos, donde se elogia el esfuerzo y se motiva a chicos y chicas a seguir buscando desafíos.  


Los dueños de internet
Natalia Zuazo
Debate

Internet hace tiempo abandonó su infancia y ahora percibimos sus cambios de humores, las primeras huellas de acné: hace tiempo este no espacio dejó de ser idealizado como el territorio utópico de la felicidad absoluta, donde -despojados de los grilletes de la materialidad- todos tienen la oportunidad de ser quiénes desean ser. Continuación de Guerras de internet, en este libro Natalia Zuazo pone la lupa sobre las principales corporaciones que controlan dictatorialmente lo que circula, lo que vemos, lo que se muestra y oculta. Se trata de un tecnopoder, una voluntad de dominio total de las nuevas arterias  y caminos modernas.



La ciencia es eso que nos pasa mientras estamos ocupados haciendo otras cosas
Diego Golombek  
Siglo XXI

La ciencia no está encarcelada en los laboratorios. La ciencia, de hecho, no le pertenece a los científicos: está en todas partes y es de todos. En este libro, el biólogo Diego Golombek revela la ciencia en los actos más nimios de la vida cotidiana (en la cocina, en el baño, en el living, en el ómnibus o en el trabajo). Muestra que se trata de un camino, es una mirada sobre el mundo, una búsqueda del conocimiento actualmente acorralada por la charlatanería, por las fake news, por los cultivadores de conspiraciones y criminales antivacunas.


Diez preguntas que la ciencia (todavía) no puede contestar
Nora Bär
Paidós

“Aunque construimos máquinas capaces de volar sobre montañas y mares, y de recorrer nuestro barrio cósmico, de desintegrar la materia en sus más ínfimos componentes, de procesar información a una velocidad asombrosa y hasta de aprender, hay enigmas que, a menos que dejen de lado leyes aceptadas, todavía es imposible develar”. Así la periodista científica Nora Bär invita a los lectores a asomarse a la frontera que separa lo conocido de lo desconocido, lo comprensible de lo extraño, allí donde las certezas de las respuestas tambalean, allí donde la ciencia se muestra como aventura, como un viaje hacia la oscuridad. En diez capítulos, la autora explora grandes preguntas como qué hubo antes del Big Bang, qué es el tiempo, cómo surgió la vida, cómo surge la conciencia, qué es la inteligencia, cómo actúa el efecto placebo y por qué dormimos.


*Full disclosure: el autor de esta compilación -yo- es el autor del libro Dinosaurios del fin del mundo.

Where indeed? With the increasing frequency and strength of tech companies coming a cropper, from Facebook being heralded as a threat to democracy on account of its unregulated media power or Uber being fined into the millions in both the U.K. and U.S.